9 de abril de 2010

Florencia...

Impregnada aún de perfume a lavanda y con un ligero sabor a helado de Nutella en mis labios, rememoro callejuelas, arquerías, rostros góticos y fachadas de basílicas una vez decoradas con el sobreesfuerzo que sólo  la devoción permite. Un retroceso en el tiempo hacia el lugar en el que la historia de Europa (y quizás del mundo) quedó reescrita para siempre. Una pequeña ciudad que otorgó al hombre un nuevo papel en el mundo, admitiéndole derechos y confirmándole que no sólo vino aquí para sufrir (que también...). Un antes y un después bien evidente en las manifestaciones artísticas a todos los niveles. Tanto para expresar que es difícil sintetizarlo en un post.

El momentazo del viaje, un paseo nocturno por la Piazza della Signoria, deleitada con esculturas que me hablaban de otro momento, de una etapa hacia la cual siento nostalgia sin siquiera haberla vivido. De pronto oigo unos acordes, palmas, y a toda una torre de Babel coreando a un artista callejero. Me paro, saco la cámara y grabo este deficiente, pero inolvidable vídeo, y lo dedico a la persona tan especial que me acompañó en el viaje y a Galileo por haber cambiado, literalmente, nuestro punto de vista sobre el mundo:


Apenas se aprecia, pero fue un momento muy emotivo: hubo gente que salió a bailar y a cantar de manera espontánea.

5 comentarios:

  1. Florencia es el edén de la belleza, es una ciudad que te desgarra el alma. Has oído hablar del síndrome de Stendhal?

    http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_Stendhal

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  2. Sí, conozco el síndrome. Leí que cada año ingresan a varias decenas de turistas en los hospitales de Florencia con esa sintomatología.

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