29 de enero de 2010

Cuando lo convencional se vuelve original

A propósito de un vídeo que he visto hoy en el trabajo y que os incrusto (bonito palabro) más abajo, y dejando a un lado el aspecto marketiniano o comercial del asunto, me ha venido a la mente que cuanto más corremos, cuanto más 'avanzamos', cuanto más nos acercamos a la excelencia tecnológica, más comenzamos a valorar, incluso sublimar, los pequeños detalles.

Quién nos iba a decir que en el apocalíptico 2010 nos daría un vuelco el corazón al ver una carta escrita de puño y letra en nuestro buzón, o al escuchar una cinta de cassette de cuando aún buscábamos nuestros hits en la radio para grabarlos y reproducirlos cuando quisiéramos... o quizá entre tantos iphone y PDA's, siempre ver a algún rezagado que se resiste y lleva su libreta de papel encima para no perderse nada importante.

Este post no es una apología al conservadurismo. Soy pro-progreso (valga la redundancia) y pro-tecnología. Pero de momento nada ha substituido la intensidad de un 'te quiero' sin cables ni ondas, la rontundidad de una despedida cuando deja eco en un lugar y en la mente, el olor del abrazo de un hermano o la perplejidad ante un paisaje visto con dos ojos en lugar de una lente. El tiempo dirá si llegamos a ello.

2 comentarios:

  1. ¡Qué bueno! Supongo que hay lugares a los que el progreso nunca podrá llegar, el corazón humano es frágil, y el progreso es en ocasiones demasiado frío para que sean compatibles. Una idea brillante la de esta revista, en ocasiones un paso atrás merece la pena...

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  2. Sí, a veces la publicidad nos deja estas reliquias audiovisuales :-D

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