28 de agosto de 2009

Vuelve el ruido


Si identifico las vacaciones con algo, es con el silencio. Esas largas jornadas de verano sin coches corriendo arriba y abajo, sin motores de máquinas en funcionamiento, sin persianas de negocios abriéndose y cerrándose religiosamente según una pauta muy marcada… Un silencio al que estoy tan poco acostumbrada que hasta me produce vértigo, pero en un sentido positivo. Un silencio que siempre acompañó al hombre en sus momentos de reflexión, de introspección, de creación y que incluso podía llegar a ser desolador en momentos de soledad. Un silencio que da otra dimensión a cada momento vivido, perpetuándolos y otorgándoles su espacio, reconociendo su valor. Ese mismo silencio del que gran parte de las sociedades industrializadas nos hemos desprendido.

El ruido marca hoy el ritmo de nuestras vidas desde el mismo momento en que nos levantamos: despertador, motores, claxons, sirenas de trabajo, teléfonos, ordenadores, teclados y servicios de megafonía, máquinas de todo tipo trabajando y dando avisos… Quizá por eso cuando todos esos ruidos cesan, aunque sea por un breve espacio de tiempo, dan tregua a la libertad personal, a un ritmo menos predeterminado y a un clima más propicio para conectar con nuestra propia esencia, nuestro ruido inherente que con frecuencia pasa inadvertido.

Seguiré anhelando ese silencio tan productivo a nivel personal y buscándolo siempre que pueda.

Os dejo un enlace a un artículo muy interesante sobre el ruido y sus efectos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario